¡Vaya espectáculo el que nos brindó el obispo de Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza! Resulta que, tras su desaparición por más de 72 horas, ¡aparece en un hospital de Cuernavaca con una sorpresa en su organismo! Según los médicos, parece que el buen obispo ha estado disfrutando de un cóctel de cocaína y benzodiacepinas, además de encontrarle en sus pertenencias un blister de sildenafil… o la pastillita azul que ya sabe para que sirve. ¡Parece que el señor obispo tiene un gusto bastante particular!
Por si eso no fuera suficiente para animar la mañana, su llegada al hospital fue todo un drama, con una misteriosa llamada de una mujer preocupada y el obispo dando señales de un deterioro neurológico. Y para agregarle salsa al asunto, el gobernador interino de Morelos nos ofrece su propia versión de los hechos, dudando de que esto sea un simple «secuestro exprés». Parece que hay más misterio aquí que en un episodio de «La Rosa de Guadalupe».
Por supuesto, el abogado del obispo no se queda atrás y asegura que su cliente fue secuestrado, ¡y no solo eso, también le robaron su camioneta y limpiaron sus cuentas bancarias! La Fiscalía de Morelos corrobora la historia, afirmando que el obispo estaba tan drogado que ni siquiera puede dar su versión de los hechos. ¡Menudo lío en el que se ha metido el buen Salvador!
Ahora solo nos queda esperar con ansias las próximas revelaciones para desentrañar este enredo eclesiástico-judicial. Quién iba a pensar que la vida de un obispo pudiera ser tan emocionante.